Amenaza a la especie humana.

 

 

Por  Jairo Torres Oviedo. Rector Universidad de Cordoba. Abogado. Lic. En Ciencias Sociales.

La humanidad se ha mantenido viviendo momento difíciles y complejos, situación que amenaza la existencia como especie. La pandemia generada por el virus del Covid-19, no es, ni será la primera y última pandemia que enfrenta la humanidad. La línea de la historia registra momentos críticos, donde la vida humana ha sido amenazada, pero ha vuelto a salir adelante.

Desde pandemias, armas químicas, guerras, ataques nucleares y campos de concentración. El siglo XX fue la expresión viviente de una humanidad al borde de la auto aniquilación; fue un siglo breve, dedicado a la irracionalidad y las guerras. En este sentido, se podría recordar la Primera y Segunda Guerra Mundial, sin dejar a un lado, la Guerra Fría como expresión de conflictos globales que ponían en riesgo el equilibrio mundial; si mencionamos los siglos que antecedieron la evolución de la humanidad, encontramos un denominador común “autodestrucción” como especie y todo lo viviente; incluyendo como dice el Papa Francisco “nuestra casa común”, como lo es el planeta tierra.

Esta tendencia repetitiva y permanente a la destrucción, pareciera que hiciera parte del ADN de la condición humana y una propensión a la insociabilidad. Pero no es así, a diferencia del reino animal, los seres humanos imaginamos y creamos el orden social en que vivimos; y, hacemos esfuerzos por mantenerlo a través de leyes, costumbres, procedimientos, conductas; de lo contrario, sería insostenible.

Necesitamos imaginar y construir un orden social regulado jurídica y moralmente para proteger nuestra vulnerabilidad humana; solo de esta forma logramos la preservación y conservación como especie. Lo anterior, no garantiza que la humanidad deje de estar expuesta a sus propias formas de destrucción que cada vez son más grandes y degradadas.

Hemos construido un ideal de progreso, que es paradójico en cuanto nos maravillamos de los descubrimientos y avances científico-técnicos que generar una sensación de confort, seguridad y superioridad; en el que centramos el ideal de progreso y bienestar humano. Pero, resulta que, seguimos conviviendo en un orden social frágil y vulnerable, expuestos a las guerras, conflictos raciales, la xenofobia, la discriminación y la pobreza. Es decir, no se ha podido construir y materializar un orden social estable que proteja nuestras vulnerabilidades y regule la propensión a la insociabilidad.

En esa larga secuencia de la historia humana, hemos estado sujetos a tensiones permanentes por subsistir y sobrevivir como humanidad; logrando resistir y adaptarnos a nuevas realidades, aunque sean catastróficas y apocalípticas.

La especie humana se adaptó a convivir en medio del peligro, riesgos y exterminios sistemáticos y cíclicos, por acción de fenómenos naturales y humanos. Esta adaptación ha tenido como aprendizaje y conducta, formas más sofisticadas de exterminio y aniquilación de la especie humana. Es decir, esta tensión entre la preservación y el exterminio, nos mantiene como humanidad al borde del abismo.

En este sentido, la pandemia del Covid-19, es una evidencia de lo frágil y vulnerable que somos como especie; aún, no tenemos certeza, si el virus fue una creación en laboratorio o se rompió el equilibrio entre el reino animal y humano; lo seguros es que, estamos indefensos y expuestos a formas de exterminios sistemáticos y generalizados; que no han sido los primeros y mucho menos los últimos que amenazan la existencia humana. De acuerdo, con Yuval Noah Harari, en su libro “De animales a Dioses”, sostiene que todos estos fenómenos naturales como el calentamiento global y contaminación generalizada, que para muchos es destrucción de la naturaleza; él lo denomina cambio. La naturaleza no puede ser destruida. Hace 65 millones de años, un asteroide aniquiló a los dinosaurios, pero al hacerlo abrió el camino para el progreso de los mamíferos. Hoy en día, la humanidad está llevando a muchas especies a la extinción, y puede incluso, llegar aniquilarse a sí misma. Pero, aun así, los rumores de nuestra propia extinción son prematuros.

De acuerdo, con Harari, a partir de la revolución industrial, la población humana del mundo ha crecido como nunca lo había hecho antes. En 1700, el mundo era el hogar de unos 700 millones de humanos y, en 1800, había 950 millones. En 1900, casi duplicamos ese número: 1600 millones. Y en el 2000 llegamos a 6000 millones. En la actualidad hemos sobrepasado los 7.000 millones de sapiens.