Educación para el cuidado de sí mismo.

 

Por  Jairo Torres Oviedo. Rector Universidad de Cordoba. Abogado. Lic. En Ciencias Sociales.

 

En momentos de crisis es necesario reflexionar en torno al cuidado de sí mismo. Esta práctica los griegos la llamaban Epimelesthai sautou, «el cuidado de sí». Esto es, la virtud de cultivar nuestra mente y espíritu, para ser mejores personas y seres humanos.

Conocer y ejercitar las virtudes era un deber moral para los griegos: no era posible ser un hombre justo, sin haber hecho actos justos; no se podía ser buena persona, sin haber realizado actos buenos; ser honesto, sin haber practicado la honestidad. Ser y hacer eran condiciones inmanentes del hombre. Éste se hacía a partir de sus propios actos.

Ocuparse de uno mismo era, para los griegos, uno de los principios básicos de la conducta social y personal. De ahí, la necesidad de una padeia (educación) fundamentada en este precepto.

Con base en la epimeleia intento comprender los sujetos y sus acciones en la actual sociedad. Acciones que no se corresponden con los hombres de hoy. Ante esta incongruencia, Zygmun Bauman propone la Retrotopía, retroceder a los valores del pasado como solución a los desvaríos de la globalización.

Construir una sociedad alternativa para un preferible presente y futuro, pero con los preceptos del pasado. Asistimos a un presente en tensión permanente entre la capacidad de hacer cosas, la de decidir cuales se deben hacer para mejor ser; esa tensión impide materializar la utopía de una sociedad futura en donde reine el bien humano.

En este sentido, es necesario comprender el presente en sus dinámicas de individualización, atomización, dispersión con el fin de tejer un nuevo orden social.

Un nuevo orden que permita construir una cultura del cuidado de sí mismo; un cuidado integral y consciente alrededor de virtudes como la justicia, la prudencia, la honestidad y sentimientos morales como la solidaridad, la fraternidad y la ayuda mutua.

Una cultura que posibilite construir el proyecto de la modernidad; centrado en el ideal kantiano de la mayoría de edad; es decir, la capacidad de pensar por nosotros mismo sin la conduccion de otro. Para ello, es imperiosa una educación que forme sujetos libres, críticos, autónomos y conscientes de su pasado y presente. Sujetos idóneos, éticos y conscientes del cuidado de sí mismo y, por supuesto, del otro.

Ahora, aislados por el coronavirus y cercados por la muerte, es cuando más se require del cuidado de sí mismo, como ejercicio consciente, autónomo y responsable que haga posible seguir existiendo como cultura y como especie. Confiemos en que hay una luz al final del camino y que tendremos -siguiendo a García Márquez- una segunda y mejor oportunidad sobre la tierra.

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