Las miserias de la felicidad

 

 

Por  Jairo Torres Oviedo. Rector Universidad de Cordoba. Abogado. Lic. En Ciencias Sociales.

 

El pasado viernes 19 de junio se declaró el día sin IVA. Una medida que busca una vez al año, reactivar la economía por medio del consumo; por ello, la disposición de impedir el cobro de impuesto al valor agregado para entregarlo como beneficio a los consumidores, de esta forma, permitir a los comerciantes poder vender sus productos de manera masiva. Esta medida ha generado todo tipo de controversias en distintos sectores de la opinión pública nacional e internacional; no por la medida en sí, la cual tiene su propósito bien definido, sino por el momento en que se implementó. Se le olvidó al Gobierno y a sus asesores, que hoy nos encontramos transitando en medio de una tormenta que nos sacude de un lado a otro, que no solo amenaza con destruir todo lo que encuentre a su paso, sino que, lo está haciendo y se llama el Covid-19

En relación con lo anterior, uno espera como ciudadano, que el soporte de manejo de esta crisis, esté en manos de la ciencia; máxime, cuando se trata de una pandemia que requiere de un manejo de salud pública que esté en manos de expertos y no de tecnócratas con visión centralista; que es lo que hoy, ha caracterizado el manejo no solo de las crisis, sino de las políticas públicas de este país. Pero, la medida del día sin IVA, dejó varias lecciones y, por cierto, muy serias; debido a esta amarga experiencia, el Gobierno debe escuchar la voz de la ciencia y no la de los grupos económicos, donde se privilegia el mercado y la economía como ha sido costumbre; todo, por encima de la salud y la vida de los colombianos.

La explicación con la que se le respondió al país, fue que, las ventas superaron los 5 billones de pesos. Esta es la lógica de mercado imponiendo su filosofía del capitalismo salvaje; aquí se refleja el nivel de inconsciencia e irresponsabilidad individual y colectiva que caracteriza a estos sectores de la sociedad colombiana, que arriesgaron su salud y vida por un descuento económico en la compra de productos que, como se observó en las imágenes de los noticieros, no eran de primera necesidad.  Por consiguiente, es reprochable la falta de interiorización y acatamiento de las normas y controles de bioseguridad. Somos una cultura inclinada al desapego y desconocimiento de las normas, que en la práctica nos convierte en una sociedad frágil y vulnerable. Cuando esto sucede, quedamos dependiendo del comportamiento individual y no colectivo.

Todos estos desaciertos, se complementa con la idea o condición de felicidad que posee gran parte de la sociedad colombiana, que se evidenció el día sin IVA. La condición de felicidad centrada en el tener, que se convierte en carencia que requiere ser suplida de manera permanente por medio del consumo de todo tipo de bienes y servicios, llegando a niveles de irreflexividad e impulsividad descontrolada; incluso, exponiendo y sacrificando la propia vida. Pero, ¿por qué llegamos a un ideal de felicidad tan miserable? En este punto, trataré de hacer una reflexión alrededor de la misma.

Para Séneca “Vivir felices, todos lo quieren, pero andan a ciegas tratando de averiguar qué es lo que hace feliz una vida; y hasta tal punto no es fácil alcanzar la felicidad en la vida que, cuanto más apresuradamente se deja llevar hacia ella, tanto más se aleja si se desvían del camino”. Tiene razón séneca, la búsqueda de la felicidad nunca termina, debido a que su fin equivaldría al fin de la propia felicidad. En este sentido, al no ser alcanzable la felicidad como una condición estable, solo queda la persecución desenfrenada de esa condición como fin; y en esa carrera permanente por alcanzar la felicidad, en la cual no hay una meta, todos los medios se convierten en fines. El único aliciente ante este escurridizo y soñado estado de felicidad es, seguir corriendo; mientras uno sigue en la carrera, sin desfallecer y sin ser sancionado, la esperanza de una victoria final sigue viva.

Concebir la felicidad como una vida plena y gratificante a través de la búsqueda de medios que se consideran necesarios en esta vida, los mercados se encargarán de que esa búsqueda nunca termine. Todos estos consumidores se convierten en habitantes de un mundo de fantasía. Son conscientes de que nunca tendrán lo suficiente para sentir la seguridad. El consumo no los lleva a sentirse seguros ni a saciarse, sino a la ansiedad. Lo suficiente nunca será suficiente. En este orden, para el profesor Baumana, la felicidad pasa por las grandes tiendas y almacenes de cadena, y, cuanto más exclusiva sea, mayor es la felicidad alcanzada. Alcanzar la felicidad significa adquirir cosas que otras personas no tienen la oportunidad de adquirir. La felicidad requiere la individualización. Este ideal de felicidad, centrado en una sociedad de consumidores, sin un sentido de la moderación y la prudencia, hace de la comunidad un espacio frágil, atomizado y vulnerable. Este ideal miserable de la felicidad quedó evidenciado el pasado día sin IVA.