¡Salvemos la Corte Constitucional!

 

 

Por.  Eduardo Padilla Hernández. Abogado. Presidente de la Red Colombiana de Veedurías “Red Vigila”. @Edopadillah

 

  • Todos los colombianos tenemos el compromiso patriótico de evitar que una caterva de manzanas podridas afecte, en forma negativa, la Corte Constitucional.

Una gran mayoría de los sectores sociales sensatos confían en que esta institución debe ser el organismo más puro del país, por ser el postrimero vestigio de integridad que nos queda en Colombia.  La Corte Constitucional está integrada por nueve Magistrados, elegidos por el Senado de la República para períodos individuales de ocho años, de ternas que presentan: Tres el Presidente de la República, tres la Corte Suprema de Justicia y tres el Consejo de Estado.

Estos nueve magistrados tienen en su poder el texto de una investigación muy delicada, asociada a un análisis exhaustivo sobre equidad de género que los propios juristas ordenaron elaborar para implementar políticas de igualdad en esa corporación.

La gravedad de la situación consiste en que el contenido del documento reveló una serie de supuestos hechos relacionados con acoso sexual y laboral en el interior de esa dependencia, lo cual indujo a la desazón, al rechazo por parte de la sociedad civil que sabe que este escándalo podría arruinar a uno de los organismos encargados de mantener izada la bandera de pureza del Estado colombiano.

Por el bien de la institución y conociendo la seriedad de su presidente, doctor Alberto Rojas, la investigación debe hacerse a fondo, porque la guardiana de los colombianos y de los derechos fundamentales es la Corte Constitucional.

Así las cosas, la Corte Constitucional, en cabeza de su presidente, doctor Alberto Rojas, con base en su propia iniciativa institucional, en el marco del Programa de Justicia para una Paz Sostenible, celebró un convenio de cooperación con la agencia USAID, para realizar un diagnóstico e identificar a los funcionarios y empleados que hayan, supuestamente, cometido acoso sexual y laboral, mientras que por otro lado, se pueda brindar oportunidades para el resto de los funcionarios y empleados que contribuyen con su trabajo a la eficiencia de este Tribunal.

Los responsables de estos hechos punibles deben ser castigados con severidad para que paguen por sus deslices, pues el hecho de lesionar, de ese modo, a la Corte Constitucional, es un delito mayor; en consecuencia, esta conducta no puede pasar desapercibida y de ninguna manera debe quedar en la impunidad.

¿Por qué debemos unirnos alrededor de la Corte Constitucional?

Porque este organismo es el que decide sobre las demandas de inconstitucionalidad que promuevan los ciudadanos contra los actos reformatorios de la Constitución, por vicios de procedimiento; además, protege a los ciudadanos contra cualquier violación de la Constitución Nacional, evitando que se violen los derechos de los colombianos.

Desde esta ventana, hago un llamado de atención para apoyar a los nueve magistrados de la Corte que, echando mano de todo el valor civil, iniciaron y están adelantando, de manera exhaustiva, las investigaciones pertinentes.

Todas esas denuncias deben ser investigadas a fondo. No debe quedar duda de la pureza de esta institución. Los colombianos debemos recuperar la confianza en nuestra Corte Constitucional, por representar la excepción de la corrupción.

Flaco favor le haríamos a la democracia quedándonos mudos ante semejante escándalo. Si la corrupción quiere tocarla, debemos espantar esas conductas reprochables.

No es justo que, en este penoso momento, dejemos solos a los honorables magistrados. Deben unirse los colegios de abogados, juristas, periodistas, litigantes, políticos, administradores, operadores judiciales, magistrados, universidades públicas y privadas y la ciudadanía en general, para rodear y apoyar al doctor Rojas, presidente de la corte y a los miembros honestos, en un gran compromiso de los hombres y mujeres de bien, con el propósito de marchar unidos por lo único que nos queda para salvar el estado de derecho, pues no debemos permitir que una sola gota de levadura de la corrupción leude toda la masa de la integridad en la Corte Constitucional.